Proyecto simple. La ropa

En inglés existe una palabra, difícil de traducir pero útil para llevar a la práctica en nuestros días de orden.

Declutter.

Si uno intenta traducirla, podría ser algo así como  ordenar, organizar, despejar, limpiar el desorden, eliminar.

La que más se aproxima, para nosotros, claro, sería una traducción como “sacar lo que desordena”.

Nos gusta pensar en declutter como algo un poco más allá de un orden concreto.  Un orden de objetos.  Es mucho más que ordenar una habitación, un cajón o un mueble.

Despejar también nos resuena lindo.  Un cielo despejado, un camino despejado, la vista despejada.

Teniendo en cuenta que una sola palabra no podría equipararla en castellano, preferimos quedarnos con la original.

Así que ya saben, cuando lean declutter, piensen en todas estas palabras que la envuelven.

 

Y ahora sí, a decluttear la Vida.

 

Damos comienzo a nuestro Proyecto Simple.

Nuestra idea no es plantear un desafío de reducir, reducir y reducir.

No queremos cantidades, sino calidades.

Es un camino para disfrutar sin un punto de llegada del todo claro.

 

¿Por dónde lo empezamos? Por la ropa.

 

Cada uno encontrará su manera.

Una de ellas es sacar todo, absolutamente todo del placard, cómoda, botinero, perchero, mesas de luz.  Todo.  Se pueden poner las cosas arriba de la cama.  En el centro de una habitación cómoda.  En el piso.

Sólo hace falta tomar prenda por prenda y hacernos algunas preguntas con respecto a ese objeto.  Es conveniente dejar espacios asignados para poder acomodar todo correctamente.

Tirar – Donar – Regalar – Vender – Quizás

Algunas preguntas que pueden servirnos al momento de ordenar ropa y accesorios.

  • Si lo viera hoy en una vidriera, ¿volvería a comprarlo?
  • ¿Cuándo fue la última vez que lo usé?
  • ¿Me entra?  ¿Me queda bien?
  • ¿Me produce felicidad usarlo?
  • ¿Es necesario?
  • ¿Fue un regalo especial?

No hacen falta demasiadas explicaciones.  A mayor cantidad de respuestas afirmativas, crecen las razones para conservarlo.

A mayor cantidad de respuestas negativas, es un buen momento para ponerlo en la pila de vender, donar, regalar o tirar según corresponda.

Ante la duda, pila del quizás.

Es muy simple, sencillo, fácil, liberador, agradable y placentero.

No importa el tiempo que te lleve hacerlo.  No se trata de ponernos fechas, plazos y números.

Tomate el tiempo que necesites.

¿Cómo se relacionan con la ropa?

¿Les cuesta soltar?

 

de Tute
de Tute

Proyecto simple

Origami

Quienes gustan de bucear la web como yo, se habrán encontrado con unos cuantos modelos, proyectos, experimentos y desafíos para simplificar nuestras vidas.

En algunos casos, pareciera que más que simplificar, las complican aún más.

Por falta de tiempo para poder dedicarle a los desafíos, por falta de espacio para poder resolver el orden, por falta de motivación porque no queda del todo claro los fundamentos de tales experimentos.

Que conste en actas: no digo que las ideas sean malas, digo que quizás no encontré el molde para poder replicarlas.

 

Se me vienen varios proyectos que vengo leyendo los últimos años: Projet 333, el armario cápsula, la magia del orden, varios desafíos de declutter (declutter = eliminar el desorden de nuestras vidas).  De todos ellos pude sacar muchas ideas, descartar otras tantas y finalmente poder sintetizar en las que más se acomodan a mis necesidades.

 

Simplificar no se agota en acomodar o descartar ropa.

Pero acomodar y descartar ropa, puede ser un punto de largada interesante en la carrera de simplificación.  Como tantas veces se ha dicho, simplificar tu vida no es una carrera de velocidad sino de regularidad.

 

Son pequeños cambios de hábitos, de consumo y de ideas incluso.

Cambios en nuestra alimentación, en el ejercicio que hacemos (o queremos hacer), en los libros que leemos, películas que vemos.  En todos los estímulos que recibimos de ese mundo que está ahí y en el cual vivimos.

 

Como primera medida, es necesario partir del deseo, genuino y comprometido, de tener una vida más simple.

Si no tenés ese deseo, ni te gastes en seguir leyendo.

 

Si tenes el deseo de simplificar tu vida, bienvenido al “Proyecto simple”.

 

 

El arte de escuchar

Comunicación, de Tute
http://tuteblog.blogspot.com.ar/2011/10/comunicacion.html

Somos palabras.  Pronunciadas, pensadas, escuchadas.  A veces gritadas, y otras tantas veces silenciadas.

Sólo podemos ser en palabras.

Es imposible siquiera pensar sin ellas.  Nuestro pensar las necesita para ser.

Somos un cúmulo de palabras juntas, revueltas y separadas.

 

Somos diálogos.

Somos conversaciones.

Conversaciones con otros o con nosotros, pero conversaciones al fín.

 

Somos lo que decimos y lo que callamos.

Pero también, o sobre todo, somos lo que escuchamos.

La manera en que escuchamos a los otros y a nosotros,  habla del tipo de personas que somos.

Somos cómo escuchamos.

Somos a quién escuchamos.

 

 

Echale la culpa a las esperas

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– Mamá, ¿qué es un cafechino?

Y me alegró la tarde.
Simplificar la mirada, el oído, el tacto, el gusto.
El camino a la felicidad está plagado de cosas simples.
Una pregunta desde el asombro de un niño, fruto del no saber, de no dar nada por sentado ni por sabido.
Tomar un café.  Saborearlo.  Agradecerlo.  El café y el momento del café.
Llenarme los ojos con cosas bellas.
Escuchar y pronunciar palabras de amor.  Amorosas.  Amables.  Amistosas.  En cualquier charla, aún con desconocidos.
Hacer el bien.  Mirando a quién.  A los ojos.
Mi viejo se reía con los ojos.  Y con las cejas.
No tengo ese don.
Yo me río a carcajadas, haciendo mucho ruido, un poco ordinaria.  Guarangamente.
El camino de a la felicidad está plagado de cosas simples.  La risa es una de ellas.  Habría que tomar un poco más en serio la risa.  Ejercitarla a diario.  Por lo menos una vez al día. Como si cargáramos combustible para poder andar.  Y andar.  Y andar.  Y andar.  Hasta que la felicidad sea encontrada en el camino a ella.
 

Ideas para simplificar el lavado de la ropa

Olvida de preocuparte por la ropa!

Lavar o no lavar.

No es una cuestión.  Lamentablemente.  Siempre sueño con algún descubrimiento que logre hacer de la ropa algo descartable.  Sería mucha basura, lo sé.  Quizás alguien pueda inventar algún día la ropa comestible, no? La usás, a la noche la metés en el microondas y se transforma en una rica y nutritiva cena.

Pero hasta tanto eso suceda, tendremos que seguir lavando ropa.  Y como nos gusta simplificar todo, hasta el lavado, les paso algunas ideas para que el tema de la ropa deje de ser un tema.

 

  • No plancho.  Pongo el lavarropas y en el mismísimo instante que termina el lavado, cuelgo todas las prendas “de arriba” (remeras, camisas y camisolas) en perchas. Es más que suficiente.
  • Tengo un día de lavado específico.  Los viernes sábanas y los sábados toallas.
  • Cuando saco las sábanas limpias de la soga, las doblo y meto todo el juego armado en una de las fundas.  Simple y sencillo.  No tengo que perder tiempo buscando y armando juegos. Y a la vista queda mucho mejor, prolijo y lindo!
  • Trato, no siempre lo logro, de doblar y guardar la ropa ese mismo día.  Son cinco minutos y me evita tener que ver la ropa limpia en una silla durante semanas.  Me ha pasado, lo confieso.
  • A veces uso suavizante, a veces uso una fórmula casera (una mezcla rara de las mías) y a veces no uso nada.  Mi favorito, por lejos, agregarle al suavizante, a mi mezcla o a la nada, cinco gotitas de Aceite Esencial de Limón.

 

¿Ustedes cómo hacen para organizar el lavado?

¿Lo odian, lo aman, o les da lo mismo?